El partido de Merkel rechaza reabrir el acuerdo de coalición con el SPD

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El cuarto y último mandato de Angela Merkel al frente de Alemania se está convirtiendo en una auténtica carrera de obstáculos para la canciller, que a duras penas es capaz de

garantizar la estabilidad política en la cada día más erosionada Gran Coalición con los socialdemócratas del SPD, con quienes ha mantenido este matrimonio de conveniencia durante 10 de los últimos 14 años. Con una Presidencia de la UE en el segundo semestre de 2020, Merkel quiere evitar a toda costa que Alemania se encamine a un incierto proceso electoral y a un largo “impasse” político.
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Del cansancio entre los militantes socialdemócratas por la Groko, como es conocida la Gran Coalición, da buena cuenta el resultado de las primarias del pasado sábado, en las que se impusieron los izquierdistas Norbert Walter-Borjans (ex ministro de Finanzas de Renania del Norte Westfalia) y la diputada Saskia Esken a los favoritos del aparato del partido, el vicecanciller y ministro de Finanzas federal, Olaf Scholz, y la diputada Klara Geywitz. Con una participación del 54% de los 420.000 militantes registrados, la dupla ganadora reunió el 53,06% de apoyos, frente al 45,33% del dúo continuista.

Si bien Malu Dereyer, miembro de la gestora que preside el SPD desde la dimisión de Andre Nahles en junio pasado, envió ayer un mensaje de tranquilidad al recordar que “el partido no va a caer en el caos”, la incertidumbre política se ha instalado en Berlín. Todos aguardan a que los socialdemócratas celebren entre el 6 y 8 de diciembre un decisivo congreso en el que deberán proclamar a su nueva dirección, así como clarificar su posición respecto a la Groko.

En una velada advertencia, la presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Annegret Kramp-Karrenbauer, apodada AKK, advertía ayer en la televisión pública ZDF de que el hecho de “que se produzca un cambio en la dirección de un partido de Gobierno no significa que se deba renegociar de nuevo al completo el pacto”. “No somos un centro terapéutico para los partidos del Gobierno”, advertía la heredera de Merkel, a la que relevó como líder de la CDU justo hace un año. “Los nuevos líderes del SPD tienen que decidir si quieren seguir o no en la Gran Coalición”, zanjó AKK.

Para el partido de Merkel, el difícil pacto al que se llegó tras seis intensos meses de negociaciones en 2018 se plasmó en un documento de 175 páginas que recogía muchas demandas de los socialdemócratas, que se hicieron con seis carteras, entre ellas la de Finanzas, dirigida hasta entonces con mano de hierro por Wolfgang Schäuble, que preside ahora el Bundestag (Cámara Baja del Parlamento).

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Precisamente, el gasto público será el caballo de batalla de Walter-Borjans y Esken, empañados en recuperar unas esencias socialdemócratas diluidas en una Gran Coalición donde el SPD ha sido incapaz de presentar un perfil económico propio, lo que le ha llevado a tocar fondo electoral. Ambos reclaman renegociar con sus socios conservadores (CDU/CSU) medidas a favor de la justicia social, la inversión pública en educación e infraestructuras y la lucha contra el cambio climático.

Walter-Borjans concretó dicha inyección de dinero público en 45.000 millones de euros anuales. Un sapo duro de tragar para una Merkel que ha hecho del equilibrio presupuestario una de sus señas de identidad. Primero con el “halcón” Schäuble y ahora con Scholz, cuya posición en el Gobierno corre grave peligro tras su derrota en las primarias.

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Desde las poderosas Juventudes Socialdemócratas (Jusos), su líder, Kevin Kuhner, recordaba que el último artículo del acuerdo de coalición preveía que, a mitad de mandato, el SPD revisaría su permanencia en la Groko. “En la mitad del período legislativo, se hará un inventario del contrato de coalición para determinar qué medidas se han implementado o qué nuevos proyectos deben ser acordados sobre la base de las nuevas circunstancias”, se puede leer.

Y a esa cláusula se agarra el SPD para lograr sus objetivos sin forzar una salida del Gobierno que conduciría inevitablemente a unas elecciones generales que solo ahondarían la crisis que arrastran desde que Gerhard Schröder perdió las elecciones frente a Merkel. En este tiempo, el SPD ha visto desfilar una decena de líderes que no han sido capaces de frenar la sangría de votos: del 40,9% con el que ganó Schörder las elecciones de 1998 al peor resultado de su historia en las federales de 2017, el 20,5%. Ahora los sondeos les sitúan en un 13 o 14 %, detrás de Los Verdes y luchando con la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) por la tercera posición. Una humillación para el partido más antiguo de Alemania.

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