Las razones detrás de la caída del halcón Bolton

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El día siguiente a la dimisión o cese del ya ex consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, el presidente de EE UU, Donald Trump recordó a los 3.000 americanos que nos

arrebataron el 11-S. Habló frente al Pentágono, uno de los emblemáticos edificios atacados por los terroristas en septiembre 2001. Pero su sangre caliente y su tendencia a meterse en líos insistió en que estaba en Manhattan el día de autos. Reiteró se dirigió inmediatamente a la Zona Cero, para «ayudar como fuera posible». El problema, tal y como recordaba el «New York Times» el pasado 29 de julio, es que quienes mejor conocen su vida creen que miente. Ni estuvo en la Zona Cero ni, por supuesto, fue de los primeros en acudir.

Horas más tarde Trump se refería al fin a la salida de Bolton. «John es alguien con quien realmente me llevaba muy bien», concedió. Pero «cometió algunos errores muy grandes». «Nos hizo retroceder y, francamente, quería hacer cosas que no eran necesariamente más duras que yo. Ya saben que John es conocido como un tipo duro. Tan duro que nos metió en Irak». Además, «no se llevaba bien con personas de la administración que considero muy importantes».

Trump también le recriminó porque «se pasó bastante de la raya» en la política hacia Venezuela. En abril de este año, Bolton apoyó un golpe militar en Caracas que acabó en fracaso. Trascendió después que Trump se enfadó con él por sentirse engañado sobre la presunta rapidez con la que Nicolás Maduro podría ser derrocado. El presidente de Venezuela es «un hueso duro de roer», dijo el presidente, según publicó «The Washington Post».

Trump también se refirió al momento en el que Bolton, durante las negociaciones con Corea del Norte, habría puesto como modelo lo sucedido en Libia. «Tan pronto como mencionó eso, el modelo libio, qué desastre». «Piensa en lo que le sucedió a Gadafi. No culpo a Kim Jong Un por lo que dijo después de eso. Y no quería tener nada que ver con John Bolton. Y eso no es cuestión de ser duro. Es cuestión de no ser inteligente para decir algo así».

Otro que también habló de Bolton fue el presidente de Irán, Hasan Rohani, que reaccionó a la salida de Bolton con un discurso televisado. Afirmó que «los estadounidenses tienen que darse cuenta de que los belicistas y el ardor guerrero no les benefician». «No solo deben abandonar su interés en la guerra sino también su política de máxima presión», añadió. Rohani quiso dejar claro que su defenestración no es suficiente. EE UU tendrá que hacer mucho más si aspira a que su país acepte sentarse a negociar.

Justo lo contrario de lo que reclamaba un Bolton crecientemente exasperado con las políticas abanderadas por Trump. El que fuera embajador de EEUU ante Naciones Unidas consideraba que la administración había perdido ya demasiadas oportunidades para exhibir músculo. Venezuela, Corea del Norte, Siria... y encima Afganistán, donde tanto Trump como Mike Pompeo apostaba indisimuladamente por una solución radical.

Un cheque en blanco, al decir de sus críticos, por cuanto entre las propuestas del posible alto el fuego con los talibanes figura la retirada de las tropas estadounidenses, liberar a los prisioneros, desistir de participar en la mesa para negociar el futuro gobierno del país e incluso permitir que Afganistán vuelva a denominarse Emirato Islámico de Afganistán. Como ha escrito Kore Schake para la revista «Slate», «un acuerdo estupendo. Para los talibanes». Sin olvidar que Schake y otros tuvieron acceso a la filtración del posible acuerdo. Una falla en la confidencialidad que algunos en la Casa Blanca parece que atribuyen a Bolton.

Durante la reunión del lunes con Trump, el presidente lo habría acusado de haber filtrado su desacuerdo con el vicepresidente Mike Pence, que parece haberse posicionado en el lado de Bolton respecto a Afganistán. Incluida la invitación a que los líderes talibanes, acusados de terroristas en tantas ocasiones, acudiesen a Camp David nada menos que en vísperas del 11-S. Trump, entre tanto, ya ha anunciado que el segundo de Bolt, Charles Kupperman, ejercerá como asesor interino de Seguridad Nacional, criticado por algunos porque al parecer mantiene relación con intelectuales extremadamente críticos con el Islam. Entre los posibles sustitutos suenan con fuerza el coronel retirado del ejército Douglas Macgregor, que sirvió en la Guerra de Irak a las órdenes del general H.R. McMaster, antecesor de Bolton en el cargo, y el general Ricky Waddell, y que actualmente ejerce como asistente del jefe del Estado Mayor. Los contarían con las bendiciones del Pentágono y ambos mantienen una visión bastante similar a la Trump y Pompeo en política exterior.

Sube el número de víctimas por el 11-S

Un total de 2.448 personas inscritas en programa federal vinculado al 1S han fallecido hasta ahora. De esa cifra, 200 fueron bomberos que murieron de una enfermedad vinculadas a los rescates aquel día.

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