Por qué los misiles rusos S-400 se han convertido en una pesadilla para Estados Unidos

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La pasada semana Estados Unidos anunciaba que han dejado de suministrar material para el caza F-35 a Turquía dado el acercamiento de Ankara a Rusia, lo que supone el primer movimiento

por parte de Washington de bloquear el envío de este tipo de aviones de combate a un aliado de la OTAN.

“A la espera de la decisión inequívoca de Turquía de renunciar a la entrega del sistema antiaéreo tierra-aire S-400, se han suspendido las entregas y las actividades asociadas con la capacidad operativa del F-35 de Turquía”, informaba el portavoz del Departamento de Defensa Mike Andrews.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, por su parte, anunciaba que no estaba dispuesto a renunciar a este sistema de misiles que ha sido incorporado ya por otros ejércitos, como el ruso, el chino o el argelino. India también estudia su adquisición. Además, Putin también ha instalado baterías en Siria, en la base militar de Hmeymim, cerca de Latakia, abriendo así un nuevo episodio en la particular nueva guerra fría que mantienen Trump y Putin. A esto se añade el hecho de que Rusia podría también instalar más S-400 en la península ocupada de Crimea.

Y es que el sistema S-400 se ha convertido en una pesadilla para los militares estadounidenses, no solo porque es uno de los más modernos y eficaces, sino porque resulta mucho más barato que otros sistemas similares fabricados por compañías de Estados Unidos.

Su alcance oscila entre los 120 y los 400 kilómetros con un techo de vuelo que alcanza los 185 kilómetros y puede ser transportado en vehículos motorizados con cuatro lanzadores de corto alcance o uno de largo alcance. Es capaz de interceptar aviones, misiles de crucero y balísticos o drones. Pueden alcanzar una velocidad máxima de Mach 12, superior a la de cualquier aeronave, por lo que su dominio del espacio aéreo

El sistema incluye un radar de vigilancia de largo alcance, un vehículo de mando, un radar de combate y, por último, el vehículo de lanzamiento. Cada uno de los elementos es autónomo y móvil, lo que le convierte en un arma versátil, fácil de camuflar y con alta capacidad operativa.

Si finalmente Turquía adquiere estos misiles, dependiendo de donde los sitúe pueden alcanzar objetivos en países europeos como Grecia, Chipre o Bulgaria y sería capaz también de llegar a algunas zonas de Israel.

Según BBC Mundo, “el S-400 tiene la capacidad de amenazar todas las operaciones aéreas occidentales en el centro y oeste de Siria con la excepción de los F-22 y B-2 indetectables por radar”, le dice Bronk a BBC Mundo. “Es la pesadilla de los pilotos”, aseguraba a este medio británico Justin Bronk, del Real Instituto Unido de Defensa y Estudios de Seguridad con base en Reino Unido.

No hay que olvidar tampoco el factor precio, ya que el sistema S-400 es más barato que el sistema similar de Estados Unidos, el Patriot Pac-2, de Raytheon, con el que cuenta el Ejército español y una de cuyas baterías, curiosamente, tiene España instalada en Turquía.

Por si fuera poco, su adquisición por parte de Turquía presenta problemas añadidos, más allá de la “traición” que supone para Estados Unidos. Y es que Turquía es una país clave en la OTAN e integrar el S-400 en los planes de defensa de la alianza atlántico será complicado, por no decir que imposible, ya que prácticamente todos los sistemas de armamento de los países occidentales son poco compatibles con los rusos. A esto hay que añadir el hecho de que al Departamento de Defensa de Trump no le agrada demasiado que un país aliado adquiera armamento ruso, pues podría haber transferencia de tecnología, de ahí la prohibición de Washington de suministrar los cazas F-35 al ejército turco.

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