Los síntomas de desencanto político se multiplican en Rusia

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La confianza en la política del presidente Vladímir Putin y del partido gubernamental Rusia Unida (RU) muestra fisuras. Síntomas de un proceso, que se ha acelerado tras los planes de incrementar

la edad de jubilación, son los resultados desfavorables que los candidatos de RU han cosechado en varias elecciones de gobernadores de provincias, pese al apoyo de Moscú y la aplastante mayoría (340 diputados de 450 escaños que ese partido tiene en la Duma Estatal).

En las elecciones a gobernadores celebradas (en segunda vuelta) el 23 de septiembre en la región de Jabárovsk, fronteriza con China en el Lejano Oriente, y en la de Vladímir, limítrofe con la de Moscú, vencieron los candidatos que desafiaban al titular del cargo, que era apoyado por RU. En la región de Jakasia, en Siberia, el gobernador de RU retiró su candidatura en vísperas de los comicios, en los que las encuestas no le eran favorables. Antes, fueron anuladas las elecciones a gobernador (también segunda vuelta) celebradas el 16 de septiembre en el Territorio Marítimo (en la costa del Pacífico con capital en Vladivostok), después de que la comisión electoral central formuló tal recomendación por considerar que no había manera de saber cuáles eran los resultados tras las denuncias de irregularidades. Sucedió que, cuando se llevaba contabilizado el 96% del escrutinio y el candidato apoyado por los comunistas, Andréi Ischenko, aventajaba en 5 puntos al gobernador en funciones, Andréi Tarasenko, las cifras favorables a este comenzaron a hincharse sospechosamente. Alegando que le habían robado la victoria, Ischenko lideró una activa protesta callejera en Vladivostok. Tarasenko fue nombrado por Putin en octubre de 2017 y, por ley, las elecciones solo pueden anularse totalmente si está en cuestión el 25% del escrutinio. Analistas críticos consideran que la anulación de los comicios pudo ser un hábil instrumento para enmascarar el fracaso del candidato del Kremlin y preparar mejor unas nuevas elecciones.

En Vladímir y Jabárovsk ganaron los candidatos pertenecientes al Partido Liberal Democrático (PLD) de Vladímir Zhirinovski, una de las fuerzas (40 diputados), que, junto al Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR con 42 diputados) y Rusia Justa (RJ, de carácter socialdemócrata con 23 diputados), están representados en la Duma Estatal y por lo general apoyan la línea gubernamental. En ambos casos los vencedores eran considerados como “candidatos técnicos”, con poco carisma, lo que parece indicar que la ciudadanía ha ejercido un voto de castigo y protesta contra los candidatos gubernamentales.

Encuestas del centro sociológico VSIOM, una organización vinculada a los estamentos oficiales, indican una erosión en la popularidad tanto de Putin como del partido RU. La aprobación a la gestión de Putin, que era de 84,4% a fines de agosto de 2017, ha pasado a un 64% a mediados de septiembre de 2018, es decir, una pérdida de más de veinte puntos porcentuales. En encuestas realizadas entre fines de agosto y principios de septiembre de 2017, RU tenía el apoyo del 51,6% (el 36,6% en septiembre de 2018), el PLD, ha pasado de un 9,3% en 2017 a un 10,6% en 2018, el PCFR, a su vez, de 9,1% a 17,00%, y RJ, de 4,6% a 6,2%. El apoyo a fuerzas no parlamentarias se ha incrementó tres puntos, del 5,3% al 8,3%, en el mismo periodo.

En las elecciones a gobernadores los filtros para que puedan concurrir a ellas candidatos de partidos no representados en las estructuras administrativas y políticas del Estado son prácticamente insuperables, lo que hace imposible que se pueda colar en ellas un político ajeno a la vertical de poder cuyo vértice está en la administración presidencial en el Kremlin.

Por otra parte, el político de oposición Alexéi Navalni, de 42 años, fue detenido de nuevo este lunes cuando abandonaba la prisión donde cumplió 30 días de condena por protestas no autorizadas, según anunció su portavoz Kira Yarmysh. A Navalni se le acusa de transgredir las leyes que regulan las protestas públicas, las mismas por las que fue condenado por un tribunal de Moscú el pasado agosto, según Leonid Volkov, de la dirección de las estructuras políticas (a las que el Ministerio de Justicia niega el reconocimiento como partido) de Navalni.

Detonante en la pérdida de popularidad de Putin y el partido gubernamental se considera el proyecto para incrementar la edad de jubilación que será aprobado en segunda lectura el próximo 26 de septiembre en la Duma. Anunciado coincidiendo con el comienzo del campeonato mundial de fútbol, el proyecto de ley fue seguido de reacciones de protesta a lo largo de la amplia geografía del Estado, lo que obligó presidente a corregir la edad de jubilación femenina, que en principio se había previsto a los 63 años, pero que fue rebajada a los sesenta. Actualmente las mujeres se jubilan a los 55 años y los hombres, a los 60. con la nueva ley los hombres se jubilarán a los 65.

La ley, cuya principal motivación es ahorrar dinero al presupuesto del Estado no supone, como reclaman los expertos económicos, una reforma cualitativa de un desfasado sistema de pensiones, que llegó a establecer un componente personal acumulativo (a partir de las cotizaciones de la seguridad social) que luego congeló y secuestró. Al malestar de los rusos está contribuyendo el efecto de las sanciones contra Moscú y la perspectiva de nuevas sanciones (que afectan a oligarcas rusos y a las empresas de las que depende el trabajo de miles de personas) y también declaraciones de funcionarios y ejecutivos que especulan con la posibilidad de que, de proseguir la guerra de sanciones y contrasanciones, los depósitos en dólares en bancos rusos sean o bien devueltos en rublos o bloqueados.

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