El callejón sin salida de Torra: "O dimite o le dimiten"

España
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El Govern de la Generalitat está roto y la situación de Quim Torra es insostenible. Así es el unánime análisis de políticos y empresarios catalanes ante el auge violento del conflicto.

Mientras Barcelona ardía bajo escenas de un tremendo vandalismo, otro fuego se avivaba en el Palau de la Plaza de San Jaume. Según fuentes del Govern, la reunión del presidente con sus consejeros fue de enorme tensión, en especial con el vicepresidente de ERC, Pere Aragonès, el actual interlocutor con La Moncloa. Hasta el punto de que dirigentes republicanos acuñaron una frase: «O Torra dimite, o le dimiten». Ello refleja que el gobierno de Cataluña se descompone y que sus miembros han perdido por completo la confianza en un presidente que ejerce mucho más de activista que de cargo institucional. Para todos, incluidos los dirigentes de ERC, Torra es el auténtico problema y se ha convertido en un agitador: encabeza manifestaciones, no condena la violencia, torpedea la actuación de las Fuerzas de Seguridad y, para colmo, defiende en el Parlament un nuevo referéndum ilegal.

A pesar de la comparecencia de Torra junto a Pere Aragonès y los alcaldes de las ciudades catalanas, pactada en la madrugada del sábado por presiones del vicepresidente republicano, las relaciones en el seno del Govern han llegado a un punto de no retorno. Y también pese a su discurso amenazante y la farsa en público, fuentes de la Generalitat indican que el presidente podría tirar la toalla en breve. «La decisión de irse la tiene tomada, está pensando el momento», apuntan estas fuentes. Su excusa sería la imposibilidad de ejecutar su sueño ilegal, es decir, la ruptura de España, la convocatoria de un nuevo referéndum de autodeterminación y la implantación de la república. De hecho, en la tormentosa sesión del Parlament algunos diputados le escucharon decir que, de no poder consumar su plan secesionista, abandonaría el barco. En el mundo soberanista subyace la convicción de que es un hombre alocado, al que todo se le ha ido de las manos. «Es el responsable intelectual de la violencia», acusan los constitucionalistas.

Todos los sectores políticos y empresariales coinciden en que la crisis es muy seria y que ERC, el gran socio de gobierno, forzará la salida de Torra y una convocatoria de elecciones autonómicas. Esta es la gran esperanza de Moncloa y justifica la llamada constante de Pedro Sánchez y sus ministros a la moderación. Según fuentes socialistas, «Sánchez confía en que ERC le haga caer», lo que revelan sus palabras de contención y abrir una nueva etapa tras la sentencia del «procés». Sin embargo, la situación es muy delicada porque «con ERC nunca se sabe», admiten las mismas fuentes. A Torra se le acusa directamente de conducir a los brotes de violencia y caldear a los radicales por su efecto llamada. Su famosa proclama, «apreteu», ha sido la consigna para los enfrentamientos instigados desde los CDR y el fantasmagórico Tsunami Democrátic. El descontrol es tremendo y las graves algaradas incendian la política y la economía catalanas.

Por si fuera poco, la decisión de la justicia belga de dejar en libertad sin fianza a Carles Puigdemont ha vuelto a dar alas al fugitivo. «Estoy a disposición para cuanto me necesiten, no voy a ir a ningún sitio», aseguró a la salida de la Fiscalía muy tranquilo ante la euroorden activada por el juez Pablo Llarena. Dentro de unos días, el juzgado competente resolverá el fondo de la cuestión, pero sus abogados destacan «la jugada maestra» de defender su inmunidad como diputado al Parlamento Europeo. Medios soberanistas reiteran que Puigdemont sigue moviendo los hilos, maneja a Torra como un títere y tiene también a su lado al ex presidente Artur Mas. El motivo es, según ha sabido este periódico, la mediación que Puigdemont hizo ante la ANC para que pagara la elevada fianza impuesta a Mas por su inhabilitación y el embargo de su casa barcelonesa. Algo que Mas le suplicó en su día viajando a Waterloo y que «el Puchi» aceptó realizar.

Llevar al Estado a una situación límite y a un choque frontal absoluto. Siguen siendo los planes de Carles Puigdemont y Quim Torra tras los graves disturbios y la sentencia del Tribunal Supremo contra el «procés». En ello coinciden fuentes de su entorno y dirigentes políticos catalanes en medio de un escenario de confrontación. El prófugo de Waterloo y su sucesor al frente de la Generalitat hablan prácticamente a diario y diseñan una estrategia de provocación extrema. Dirigentes soberanistas admiten que el ritmo desafiante lo marcan «el Puchi» y Torra bajo una consigna clara: «Es hora de romper España», afirman fuentes cercanas a ambos. El objetivo es desestabilizar el Estado al límite, proclamar la declaración unilateral de independencia (DUI), liderar el bloque independentista y poner en una encrucijada a Esquerra Republicana, con un PDeCAT en plena fractura y ebullición.

Por otro lado, patronales y sindicatos catalanes han pactado un comunicado unitario en el que piden estabilidad política, económica y social en Cataluña. El texto lo han consensuado los presidentes de Foment del Treball, Josep Sánchez-Llibre, y de Pimec, Josep González, con los secretarios generales de CC OO, Javier Pacheco, y de UGT, Camil Ros. Los cuatro han mantenido maratonianas reuniones hasta ultimar un texto que apela a la necesidad de un marco estable, puntos de encuentro para desbloquear el conflicto y condenar los actos violentos que son la peor campaña para Cataluña, destruyen su economía y lastran el turismo, que representa más del diez por ciento de los ingresos en la Ciudad Condal. Tras los últimos actos vandálicos, sectores hoteleros han expresado su gran preocupación ante la cancelación de varios congresos y ferias internacionales previstas en Barcelona.

Los empresarios opinan que la economía mundial vive un momento delicado y censuran el activismo de Quim Torra, a quien tachan de inconsciente e irresponsable. Un presidente de la Generalitat indigno de su cargo que se dedica a jugar con fuego y poner en peligro las fuentes de ingresos y seguridad de los catalanes. En el triste recuerdo de aquella semana trágica de Barcelona, muchos de ellos advierten: «Cataluña no puede estar en manos de anarquistas».

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