Tranquila, Ana, no vas a salir de la cárcel

España
Lectura
Ana Julia Quezada vive las jornadas del juicio bajo la sombra del enorme monitor de la sala de Audiencia. Es un recordatorio de cómo empezó todo, de la primera vez que la
gran mayoría de la población supo de su existencia por los informativos, de cómo usó los medios para dar una imagen de preocupación. Un rostro recortado por los ángulos rectos de una pantalla que solo se conecta para darle malas noticias. Una de ellas fue hace dos días, cuando compareció su hija Judith desde Burgos y lo primero que pidió fue no ver a su madre. Es de las pocas veces en que Ana Julia se mostró incómoda en su silla. Si ayer quedó algo demostrado fue que había planificado sus movimientos con el único objetivo de salir indemne. Y si para ello tenía que cargar las sospechas en su expareja, no dudaría en hacerlo. Los testigos señalaron con contundencia todos los comportamientos que levantaron las alarmas: el milagroso hallazgo de la camiseta, la continua insistencia en explorar determinadas zonas, sus visitas relámpago a la finca de Rodalquilar o la doble pérdida de su móvil en apenas 24 horas. Ahora sabemos por qué. El relato de la defensa, que tanto insistió en la tormentosa relación con su primer marido, se hizo trizas con la exposición ordenada y serena del guardia civil que investigó su vida en Burgos. La imagen que nos llegó fue la de una persona interesada solo en el aspecto monetario, muy materialista, que abandonó a su pareja cuando se acabó el dinero de un premio. Curiosamente, cuando se mencionó el tema de la lotería dos lágrimas recorrieron el rostro de Ana Julia, que tuvo que enjugarlas con un pañuelo de papel. Es impredecible saber qué puede conmoverla. No existen los malos de libro. Esos asesinos en serie inteligentísimos y malvados que se salen con la suya en la ficción tienen un gran obstáculo en la realidad: las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Los agentes de la Guardia Civil exhibieron con todo lujo de detalles el operativo que les llevó a la detención de Ana Julia. Se confirmó que la acusada se alzó como una especie de portavoz de la familia y que siempre exigía estar informada de todo, incluso en las declaraciones por separado de los padres. A ojos de los investigadores, Quezada no mostró arrepentimiento en ningún momento y se esmeró en despistar y confundir. A estas alturas casi podría escribir un manual. Todas esas argucias están bien documentadas en el sumario. Sin embargo, subyace la presencia de un segundo plan, uno que tiene más trascendencia jurídica: la premeditación de un asesinato. No hay forma de saber qué pasó en la finca de Rodalquilar dado que la única testigo es también la acusada. Como bien indicó el abogado de la familia en la sesión del lunes, ni siquiera con un megáfono se podrían haber escuchado los gritos del pequeño Gabriel dada la ubicación aislada del cortijo. La importancia de las pruebas, circunstancias previas e informes forenses son indispensables. Por eso la acusación insiste tanto en saber si la pala, el hacha y el rastrillo estaban allí o los transportó Ana Julia. Para Francisco, tío del menor, allí no solía haber herramientas, pero lo que más le sorprendió fue verlas ordenadas como si estuvieran en una exposición. Cuantos más detalles se conocen más aumenta la rabia y el desconcierto. No es raro ver a los jurados removerse en sus asientos, torciendo el gesto con sonrisas invertidas o lanzando miradas vacías que atraviesan a Ana Julia. Es innecesario que realicen el esfuerzo que pidió la fiscal de olvidar todo lo que conocían previo al caso porque las novedades van formando una verdadera película de terror difícil de digerir. La sesión de ayer estuvo plagada de pequeños detalles que dibujan a una Ana Julia Quezada que usó todo lo que tuvo a su alcance para salirse con la suya. Si su argumento el día que declaró ya era endeble de por sí, quedó patente que además se sostenía en contradicciones puras y duras. No hay rastro de aquel «dejé la camiseta para que me atraparan» porque todo indica lo contrario, que lo que pretendía era salir impune. Incluso en el último momento, cuando llevaba el cuerpo del niño en el maletero, se la escucha hablar consigo misma diciendo: «Tranquila, Ana, que no vas a ir a la cárcel». Visto lo visto, una embustera consumada como ella puede llegar a engañarse a sí misma.

FUENTE DIARIO ABC:

https://www.abc.es/espana/abci-tranquila-no-salir-carcel-201909120245_noticia.html

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS