El feminismo necesario de las mujeres de derechas

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La más veterana de ellas habla con la experiencia y la autoridad que le ha dado una vida marcada por los obstáculos y por la necesidad de «sacarse las castañas del

fuego» ella sola. La primera afirmación de la que Mercedes Moll quiere dejar constancia en la conversación es que, para ella, hacer política «es hacer un servicio a los demás». Y ella lo hizo por apenas 45.000 pesetas de la época. Enviudó de forma inesperada en un momento en que las cosas no le podían ir mejor: tenía 28 años y cuatro hijos a su cargo. Era enfermera y su marido, César de Requesens, médico. Por circunstancias de la vida, se vio en la necesidad de dejar atrás a su familia y trasladarse con los pequeños a Granada, una ciudad «muy amable y asequible». Como ella relata, por aquel entonces «las mujeres no trabajaban y si lo hacían se veía mal». Pero a Mercedes no le quedó otra opción. Se hizo cargo de un estanco, un establecimiento que, aunque ella por aquel entonces no lo llegase a sospechar, le acabaría abriendo las puertas del Congreso, al que entró de la mano del mismísimo Adolfo Suárez.

Mercedes Moll encabezó la Asociación Provincial de Viudas durante 29 años y presidió la marca regional de la Federación Granadina de Mujeres Empresarias. «Nos ayudamos muchísmo», recuerda. ¿Puede negarse que se se trate de feminismo una iniciativa de mujeres ayudando a mujeres? Pero ella evita darse méritos de más y recuerda a las que lucharon antes que ella: «Estoy convencida de que somos eslabones de una cadena. Tenemos que estar muy agradecidas a las mujeres que hicieron algo antes que nosotras», dice, y se acuerda, entre otras, de Clara Campoamor y María Zambrano. En paralelo, si hay un punto que Mercedes destaca por encima de todas las cosas, es la democratización en el acceso a la formación: «Al final, lo importante no es ser mujer ni hombre, sino tener acceso a formación. Antes, el 70 por ciento de las mujeres no sabía leer ni escribir. ¿Cómo se iban a poder mover solas?», subraya.

Aunque en un primer vistazo suene impopular, Mercedes aboga por desterrar la palabra «igualdad», a menos que vaya acompañada de la palabra «oportunidades». «Hay que desterrarla. Creo que enriquecen las diferencias siempre que se den las mismas oportunidades y se tenga la capacidad de optar, en eso para mí estriba la libertad», se pregunta. Otro tema espinoso es el de la conciliación familiar. «Yo la hice total», bromea. «Tuve una colaboradora estupenda, Isabel Rodríguez Lozano, y una hija mayor que es una persona extraordinaria. Fueron mis pilares», asegura. Mercedes es el ejemplo de la mujer que llegó a la cumbre gracias al apoyo de otras mujeres.

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