Ahora, concurso de belleza

Economia
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En los últimos tiempos los reguladores del sistema financiero hablan y se mueven con desahogo. La nueva presidenta del BCE publica en su cuenta de Twitter una foto de una cena del
consejo de gobierno para sellar la paz, y gracias a eso se evidencia que en época de Draghi hubo una guerra. La nueva presidenta necesita escenificar el armisticio. Draghi, antes de partir advirtió a la República Checa, Alemania, Francia, Islandia y Noruega de la posibilidad de que estén creando burbujas en el mercado inmobiliario y riesgos significativos para el sistema financiero. El vicepresidente del BCE ha tenido que matizar las afirmaciones de que la banca tendría que aumentar su capital para afrontar una posible crisis, aun considerando que su nivel actual es adecuado. Quiso decir que habrá que cambiar la distribución del capital de los bancos para que puedan dedicar parte de esos recursos a crear un colchón anticíclico al que recurrir, en caso de enfriamiento grave económico, a pesar de la «muy baja» posibilidad de que la economía europea entre en recesión. Es difícil pedir al mismo tiempo más capital a los bancos, y que no se retribuya, si con la rentabilidad actual, por debajo de su coste de capital, ya resulta complicado atraerlo. Se resiente el principio de contradicción. Si es un anuncio de una próxima medida, es muy impreciso, y si es simplemente una reflexión, habría que matizarlo desde el inicio por dos razones. En primer lugar, porque los participantes del mercado castigan las sorpresas negativas, y esta lo es, pero como a la Administración no le importa ese sesgo de comportamiento, pues no se criba. En segundo lugar, porque una regla básica de la comunicación, la primera, dice que antes de lanzar un mensaje a la opinión pública es imprescindible analizar y sopesar su impacto y su posible deformación. Los primeros que la incumplen son los políticos y los reguladores cuando proceden del ámbito político. El desahogo sigue. El BCE pide al sector financiero en su último informe no evitar recortes de gasto «dolorosos» y afirma que las proyecciones a largo plazo de los bancos son «ilusorias». ¿A qué viene la hipérbole? Precisamente los reguladores caen en ese sesgo de ilusión de control a la hora de pedir capital a los bancos y utilizar para determinarlo los tests de estrés o prueba de resistencia. El objetivo de estas pruebas es proporcionar a los supervisores, bancos y otros participantes del mercado un marco analítico común para comparar y evaluar de manera consistente la resistencia de los bancos de la UE y el sistema bancario de la UE a los choques, y desafiar la posición de capital de los bancos. Serán muy importantes, pero los bancos del Reino Unido no participarán en la prueba de estrés de 2020 por el Brexit, y los bancos americanos pasan unas pruebas más benévolas. En la misma dinámica, es gratuito, además de un tanto frívolo, que el primero en aplicar las pruebas desde la EBA, Andrea Enria, ahora al frente de la supervisión del BCE, asegure que «el realismo del ejercicio también se ve desafiado porque se convierte fácilmente en un concurso de belleza» (¿en serio?) y lo desarrolla: «Los bancos dirigen sus esfuerzos a moderar el estrés para que los supervisores e inversores los vean bien. Y la experiencia de las primeras rondas de pruebas de resistencia europeas muestra que los bancos a menudo tratan de compensar las pérdidas en el escenario adverso. Lo hacen al ser demasiado optimistas al estimar sus ingresos en el escenario adverso o al ser muy positivos sobre lo que la gerencia puede lograr en condiciones de mercado turbulentas». Y añade: «E incluso peor, hemos visto varios casos de bancos conspirando para manipular los test de estrés, ayudados por consultores externos.. Los datos se recopilan de los bancos antes de su envío a los supervisores, y cada banco es informado de su posición frente a sus pares. Esto les ayuda a alinearse antes y durante el ejercicio para ajustar colectivamente los resultados y minimizar el impacto del escenario de estrés. Vemos esto, no nos gusta y no lo toleraremos». Grave acusación. Con esas pruebas, los supervisores sobrestiman su capacidad de influir en algo sobre lo que objetivamente no se tiene ningún control, los vaivenes del mercado con los análisis realizados y la información de que se dispone. Ese sesgo puede llevar a que se asuma un nivel de riesgo superior al adecuado, o a decir que no hay recesión, pero mejor estar preparados. Las autoridades caen así en un efecto miopía, especialmente perjudicial para inversores y negocios a largo plazo, como es el caso de la banca. Este efecto hace que los inversores evalúen continuamente el valor de su cartera y sobrereaccionen a noticias y eventos como estos, de corto plazo, y pierdan la perspectiva. Gobiernos y supervisores saben que las previsiones a nivel micro y macroeconómico están sistemáticamente distorsionadas, pero las comunican como infalibles, las expresan incluso con decimales, cuando en lugar de eso se deberían usar intervalos. Philippe Tetlock, académico estadounidense que estudió los pronósticos de unos 284 economistas durante 20 años, expuso que las probabilidades de acierto de estos profesionales son similares a las que tiene un chimpancé en un juego de dardos. En estadística, la desviación es lo que importa, es como el borracho que va por la carretera dando bandazos. Mientras circule por la mediana todo irá en orden, pero en cuanto se desplace a un lado o a otro de la carretera, el riesgo de ser atropellado se dispara. Decir que la banca se comporta como en un «concurso de belleza», es empujar al borracho a uno de los lados de la calzada. En estos tiempos y esas voces, ya tiene mérito dedicarse a la banca. Carlos Balado es periodista y director general de Eurocofin

FUENTE DIARIO ABC:

https://www.abc.es/economia/abci-carlos-balado-ahora-concurso-belleza-201912030208_noticia.html