EE UU se pelea; Europa se resfría

Economia
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Los mandarines de la economía mundial han desfilado estos días por la sede del FMI en Washington. Por sus pasillos es fácil toparse, por ejemplo, con Pierre Moscovici, comisario europeo de

Asuntos Económicos, que además de un resfriado arrastra un pronóstico de crecimiento bastante deprimente. En su reunión anual, el organismo ha anunciado que este año el mundo crecerá a su ritmo más lento desde la crisis financiera; pero los datos para la eurozona son especialmente malos, con un alza del PIB de solo el 1,2%. La pregunta es obligada. ¿Está condenada Europa a este panorama poco halagüeño? “La ralentización por las tensiones comerciales nos impacta por tener la que probablemente sea la economía más abierta del mundo. Pero no seamos demasiado pesimistas. Europa es aún sólida”, responde Moscovici a EL PAÍS entre reunión y reunión.

Los males del continente vienen de antes. Tras siete años de bonanza, la economía había empezado a arrastrar los pies, lastrada por problemas como la baja productividad o el rápido envejecimiento de la población. Hace tiempo que se habla del riesgo de una japonización, es decir, una perspectiva en la que resulte difícil escapar del círculo vicioso de bajo crecimiento, baja inflación y bajos tipos de interés. El panorama ya era difícil. Pero la guerra comercial entre EE UU y China —y la amenaza de que ahora se extienda de Washington a Bruselas— ha terminado de complicar las cosas.

“Los tambores de guerra comercial perjudican más a Europa que a China y EE UU. Por ahora le afectan tanto la caída de las exportaciones como la incertidumbre asociada a los discursos proteccionistas”, comienza Carlos Mulas-Granados, economista sénior del FMI, que aporta un dato para explicar la alta dependencia europea del exterior: un 70% de sus exportaciones participan en cadenas de valor globales. “La incertidumbre ha paralizado la toma de decisiones en el ámbito comercial y ralentizado las inversiones”, añade Mulas-Granados, director del informe Tensiones Comerciales, Cadenas de Valor y Crecimiento en Europa.

La situación no es dramática. Alemania, el motor del continente, puede caer en la recesión, sí, pero también alardea de algo muy parecido al pleno empleo. Y su demanda continúa fuerte. Pero la preoupación crece. Hace solo seis meses, en su reunión de primavera, el Fondo dibujaba varios escenarios, y veía posible que países como Alemania, Francia, Reino Unido o Italia se beneficiaran de la pelea entre Donald Trump y Xi Jinping gracias a un efecto de desviación de rutas comerciales generado por los aranceles de los dos gigantes. Pero nada de esto ha ocurrido.

Hoy, Europa recibe en su estómago los puñetazos mutuos de los presidentes estadounidense y chino. El informe de perspectivas presentado esta semana por el FMI atribuye el frenazo europeo, sobre todo, a la menor demanda exterior y a la caída en la producción industrial, muy sensible a los vaivenes que llegan de fuera.

La batalla proteccionista, además, apunta ahora hacia Bruselas. El viernes entraron en vigor nuevos aranceles estadounidenses a productos europeos por valor de 6.900 millones de euros. El comisario Moscovici ofrecía el jueves a Trump una mano tendida —“En las guerras comerciales pierden todos los bandos. Espero que EE UU recuerde que somos aliados y amigos”, señalaba en Washington— al tiempo que sugería que en caso de ser atacada, Europa respondería: “Por un lado está Airbus, pero por el otro está Boeing”, decía. Se refería a que si los norteamericanos han recibido luz verde de la OMC para imponer aranceles como castigo a las ayudas ilegales de Europa a su empresa aeronáutica; en breve podrá los europeos podrían recibir también el permiso para castigar a EE UU con más de 10.000 millones por sus subsidios a Boeing. El ministro francés Bruno Le Maire comentaba a varios periodistas que China sería la única vencedora de una batalla entre Washington y Bruselas.

Amenaza sobre el sector del automóvil

Pero la amenaza mayor no son estos aranceles o los ya aprobados sobre el aluminio y el acero. El gran daño podría llegar en un mes si Trump se atreve a dar el paso y amenazar a los vehículos y componentes de automoción europeos, verdadera joya de la corona del continente. Una joya que además pasa por horas bajas. La producción global de coches se contrajo en 2018 y 2019 por primera vez desde la crisis financiera. “En Europa, el nuevo examen de emisiones ha provocado una disrupción en la producción y venta de vehículos”, señala el FMI.

Ángel Talavera, responsable de Europa en Oxford Economics, ve en Alemania una recesión “relativamente benigna”, ligada tan solo al sector industrial. Pero admite que hay señales de alarma. “Se están debilitando los servicios. La peor señal sería el contagio al mercado laboral. Seguimos pensando que no viene una recesión generalizada, pero cada vez estamos más cerca de ese escenario”, añade.

El goteo de datos no abona el optimismo. Esta semana se supo que la inflación de la eurozona en septiembre, en el 0,8% quedó por debajo de lo esperado en lo que supone su mínimo en casi tres años. Los precios se alejan así algo más del objetivo del BCE, en lo que supone una señal más del frenazo económico.

El economista Mulas-Granados insiste en que esta renovada debilidad mundial llega a una de las economías avanzadas más afectadas por la crisis de 2008. “Mientras que EE UU lleva años en un prologado ciclo expansivo, a Europa le coge esta ralentización sin haber recuperado todo el terreno perdido durante la gran recesión”, concluye.