España batalla para evitar que el presupuesto del euro quede diluido

Economia
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El broche de Nadia Calviño anticipaba una noche larga este miércoles. La ministra en funciones de Economía llegó al Eurogrupo luciendo un búho, el animal nocturno por excelencia. Los ministros de

Finanzas de la zona euro seguían este miércoles por la noche con la segunda intentona del año para cerrar el diseño final de un presupuesto para la moneda única. España encaraba la negociación con optimismo tras ver varias de sus principales demandas recogidas en un primer borrador, entre ellas mecanismos para luchar contra situaciones de crisis. En el otro extremo, los halcones llegaron dispuestos a rebajar esas pretensiones.

El diseño del presupuesto de la zona euro se ha convertido en una guerra de trincheras en la que, reunión a reunión, se gana o pierde terreno, pero siempre dejando para el siguiente encuentro una larga ristra de cuentas pendientes. Calviño llegó a Luxemburgo con optimismo por tener como “punto de partida” un borrador que recogía varias de las principales demandas españolas.

A pesar de ser consciente de que el montante que se ha estado barajando para el periodo comprendido entre 2021 y 2027 —17.000 millones de euros— es exiguo para amortiguar eventuales crisis, España confiaba en que el proyecto que debía salir del Eurogrupo de este miércoles podía ser el embrión de un instrumento fiscal más potente y mejor dotado en el futuro. “El documento que tenemos sobre la mesa está más cerca de lo que España podría considerar aceptable”, celebró la ministra antes de la negociación.

Reivindicaciones españolas

Según fuentes comunitarias, el documento que se encontraron los ministros sobre la mesa contemplaba la creación de un presupuesto dentro del Marco Financiero Plurianual (MFP), pero para uso exclusivo de los Diecinueve. Eso ya reavivó recelos entre los países que no están en la moneda única. La ministra sueca Magdalena Andersson los expresó con el lema empleado por las colonias británicas en Norteamérica en el siglo XVIII. “No hay tributación sin representación”, advirtió.

El texto recogía dos de las principales reivindicaciones españolas. La primera, que los países en dificultades puedan dedicar ese dinero a inversiones y que las reformas que se financien estén ceñidas a las recomendaciones del Semestre Europeo. Es decir, que acceder a esos fondos no suponga ponerse un corsé similar al que exige un plan de rescate. España ya tuvo que plantarse en una reunión de mayo para que eso no ocurriera. La segunda demanda consiste en la posibilidad de que una parte de los fondos tenga carácter contracíclico, lo que permitiría recibir un balón de oxígeno a los Estados en dificultades que se quedan sin margen para gastar o disparan el déficit.

Los países debían decidir también si, además de los recursos del MFP, echaban mano de sus arcas para cofinanciar ese instrumento. Francia y Alemania son los principales defensores de esa posibilidad, pero los Países Bajos creen que el presupuesto de la zona euro debe nutrirse de dinero del MFP.

Bruselas lo ve insuficiente

El Gobierno de Mark Rutte ha librado hasta ahora una batalla opuesta a España: evitar que ese presupuesto pueda actuar ante crisis y asegurar que los receptores hagan reformas. Su ministro de Finanzas, Wopke Hoekstra, condicionó cualquier intento de extender la chequera a reformas estructurales para garantizar que “el dinero está bien invertido”.

Bruselas, más en línea con las posiciones de España y Francia, fue más cruda a la hora de expresar, por boca del comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, que apenas se ha colocado la primera piedra del edificio. “Francamente, no es el presupuesto de la zona euro con el que soñaba. Es un instrumento todavía modesto. Daríamos un primer paso que sería útil, pero no debe ser el último”, pidió.

El socialista francés insistió en que un auténtico presupuesto debe ir encaminado a “reducir las desigualdades y tener una verdadera función de estabilización”, algo que no cumple la herramienta pergeñada hasta ahora y que sí recoge en su espíritu una inscripción situada a solo unos minutos a pie del Centro de Convenciones donde debatían los ministros. “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”, dice una escultura que recuerda a Robert Schuman.