Jóvenes con discapacidad intelectual: un sí a la diversidad

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El valor de la diversidad en las políticas de Recursos Humanos en las empresas es un concepto que prácticamente está fuera ya de toda duda. Es un valor estratégico. «Se ha

hablado mucho de la importancia que tiene contar con una plantilla diversa como fuente de creatividad, de motivación y con una mayor capacidad de conexión con los clientes para hacer empresas, en definitiva, más rentables, pero cuando hablamos de diversidad en las plantillas, lógicamente hemos de incluir a las personas con discapacidad», apunta Silvia Sánchez, directora general de Plena Inclusión Madrid. Y es que, en nuestro país, según datos del Imserso, a finales de 2015 había un total de 268.633 personas con una discapacidad intelectual reconocida, es decir, con grado igual o superior al 33%. De ellos, 74.672 tienen entre 18 y 34 años: una edad en la que, como cualquier otro joven, pueden acceder a una formación y a un empleo. Sin embargo, la experiencia demuestra que esto no es así. «Los Objetivos para el Desarrollo Sostenible nos retan a que promovamos un crecimiento económico sostenido e inclusivo, lo que incluye el empleo pleno y el trabajo decente para todos», recalca Sánchez. «Las razones para brindarles una oportunidad de acceder al mundo laboral pueden ser infinitas, pero lo cierto es que nadie debería desperdiciar el talento que pueden aportar las jóvenes con discapacidad intelectual a una empresa, porque, cuando lo hay, lo de menos es la etiqueta, y entre los jóvenes con discapacidad intelectual hay mucho que descubrir», añade.

Nuria Mas, directora de Empleo de Madrid en la Fundación Integra, considera que es muy importante sensibilizar a las compañías en que estos jóvenes suman. «Es una responsabilidad de todos dar oportunidades a estas personas, pero porque valen, no porque sea una obligación legal», subraya. Y es que, contar en los equipos con personas que han tenido que convivir con ciertas limitaciones hace que se conviertan en un ejemplo de capacidad de adaptación y superación. «El hecho de tener una discapacidad hace que desarrollen otras capacidades que, adaptadas al puesto, les lleva a rendir igual que cualquier otra persona del equipo», explica. «Es muy importante sensibilizar a los equipos que van a recibir a una persona con discapacidad», insiste Mas. En primer lugar, porque es necesario para evitar prejuicios y barreras. Pero, sobre todo, para que se haga una buena acogida a la persona, que es en lo que reside, en gran medida, el éxito de la integración de cualquier individuo con discapacidad. «También es esencial que en la empresa se disponga de alguien de apoyo, de una suerte de tutor que, sobre todo durante los primeros meses, esté pendiente de la persona para comprobar que todo vaya correctamente», asevera.

Desde el punto de vista de portavoces de Plena Inclusión Madrid lo mejor, si las empresas quieren avanzar hacia esa inclusión laboral de los jóvenes con discapacidad intelectual, es que establezcan alianzas con las entidades del sector expertas en este campo, ya que son estas organizaciones las que pueden aportar el conocimiento y los apoyos necesarios para que las inserciones tengan un resultado óptimo. «Somos conscientes de que muchas veces las empresas no saben a quién acudir, porque lamentablemente sigue habiendo un importante desconocimiento de la existencia de un tejido asociativo muy importante que puede y ha de ser un aliado de las empresas», indica Sánchez. Pero, cuando se establece esa alianza, empresa y movimiento asociativo trabajan de manera conjunta buscando los puntos de encuentro entre la necesidad que tiene que cubrir la empresa y el derecho de las personas con discapacidad a tener oportunidades de empleo en entornos inclusivos.

"En la Fundación Prodis consideramos que la incorporación al mundo del trabajo es una de las experiencias más integradoras y motivadoras", dice Teresa Rodríguez, coordinadora del Servicio de Inclusión Laboral de Prodis. La Fundación se apoya en dos pilares básicos, de los cuales el primero es la formación. «A través de Prodis, los jóvenes se forman en la Universidad Autónoma de Madrid, donde realizan un programa con título propio que les dota de las competencias necesarias, tanto a nivel personal como social y profesional, para integrarse en una empresa», explica Rodríguez. Después, los graduados tienen la oportunidad de realizar un máster que les permitirá acercarse y prepararse mejor para dar el salto al mercado laboral. Más tarde, desde el Servicio de Inclusión Laboral de la Fundación, a través de los mediadores laborales, se presta apoyo tanto a los jóvenes como a las compañías para facilitar el proceso de acceso y adaptación. «Estamos atentos a cualquier posibilidad de mejora o promoción, así como a cualquier necesidad de cambio», indica. «Para las empresas, esta apuesta por la diversidad, por trabajadores con capacidades diferentes, las abre y humaniza, y las convierte en un reflejo de la sociedad en la que vivimos». El mediador laboral apoya en todas las fases del proceso de inclusión laboral, desde el diseño del puesto y la preselección de candidatos, hasta la orientación a la empresa y al equipo de trabajo. «Se promueven charlas de sensibilización a los compañeros, formación en el propio puesto, fomento de habilidades laborales y sociales, cultura empresarial, etc». Por lo general, durante las primeras semanas, tras la contratación, el apoyo del mediador laboral es permanente, pero se va retirando de forma gradual para favorecer la máxima autonomía».