Macri concentra todo el poder en él

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Compitieron por el otrora poderoso despacho de los ministros de Economía durante la campaña electoral que hizo presidente a Mauricio Macri. Por Joaquín Morales Solá

 

 

 

 Ni Alfonso Prat-Gay ni Carlos Melconian se llevaron lo que querían. A uno le tocó un ministerio fragmentado y al otro lo designaron al frente del banco más grande del país, el Nación. Ninguno de los dos está ya en el Gobierno, apenas un año después del acceso de Macri al poder.

 

Prat-Gay era el líder del ala gradualista de los economistas del Presidente; Melconian lideraba el sector ortodoxo de los asesores presidenciales. No se puede decir, por lo tanto, que la salida de ellos haya significado una disrupción de las políticas oficiales. ¿Qué pasó, entonces?

 

 

Un enigma habita la paradoja. Ni Prat-Gay ni Melconian fueron eyectados por haber sido malos funcionarios. Prat-Gay podía mostrar sus méritos: la salida rápida y ordenada del cepo cambiario, el acuerdo con los holdouts y el exitoso blanqueo de capitales argentinos no declarados.

 

Es cierto que durante su gestión la economía pasó de no crecer a la recesión (la caída habría sido del 2,5 en 2016, según estudios privados) y la inflación fue la más alta de los últimos años. Pero, ¿por qué adjudicarle a un solo ministro la culpa de esos problemas cuando hay casi una decena de ministros a cargo de la economía? Prat-Gay le aseguraba a Macri un confiable acceso a los centros más poderosos de la economía internacional. Y cumplió con esa garantía.

 

 

A su vez, el propio Macri ordenó ponderar la gestión de Melconian en el Banco Nación en el documento oficial que divulgó su relevo. Su gestión fue valorada hasta por los empleados del banco que lo despidieron entre llantos (el de ellos y el del propio Melconian). De hecho, el vicepresidente del Banco, el economista Enrique Szewach, que llegó con Melconian, seguirá ocupando el cargo con Javier González Fraga. Melconian es, al revés de Prat-Gay, amigo personal de Macri desde hace muchos años. El Presidente suele decir que hubo sólo dos eventos sociales durante su año presidencial en los que se quedó varias horas: el casamiento de Tevez y el cumpleaños de Melconian. Esa relación no se rompió nunca ni está rota ahora.

 

¿Volverá Melconian al Gobierno? Nadie lo sabe, nadie lo descarta. Con Prat-Gay se insinuó la posibilidad de una candidatura en las próximas elecciones; también con Melconian, aunque a éste lo seduce menos que a su antiguo rival la tarea parlamentaria. Pero hay un vaticinio entre economistas independientes: el gradualismo y el equipo económico actual servirán para el año electoral. Orlando Ferreres lo anticipó con palabras claras: "En 2018 tendrán que recurrir a otra política económica". Ferreres no habla de Melconian; simplemente instala una necesidad del futuro.

 

 

Sin embargo, algo los diferencia a Prat-Gay y Melconian del resto. Los dos, cada uno con su estilo y con sus ideas, no encajaron nunca con el plan de socializar la conducción económica. Prat-Gay descreía de funcionarios que carecen de los pergaminos académicos y de la experiencia que él tiene en cuestiones económicas. Nunca terminó de aceptar que el triunvirato de la jefatura de Gabinete (Marcos Peña, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana) estuviera en condiciones de supervisar su gestión. Su única referencia de poder fue siempre el Presidente; se los hizo saber de mil modos a aquellos tres.

 

Melconian disintió del gradualismo de Prat-Gay (y de Macri) desde el principio. Prefería que los costos políticos que pagó el Presidente se concretaran en decisiones más profundas sobre tarifas y subsidios, por ejemplo. Cree más en una reducción importante del gasto del Estado y descree, a la vez, del exceso de endeudamiento del país. Especialista en macroeconomía, él coloca como segunda prioridad el tratamiento por separado de los distintos rubros de la economía. A Macri le encanta, en cambio, el seguimiento personal de cada sector de la economía y de la administración. El jefe del Estado carece, además, de margen político (o eso cree él) para profundizar políticas de ajuste de la economía.

 

Melconian y Prat-Gay fueron adversarios internos mientras estuvieron en el Gobierno, pero a los dos los unía el mismo desprecio por los tres funcionarios de la jefatura de Gabinete. Melconian se negó, incluso, a financiar desde el banco el déficit del Estado. Cada vez que le pedían una ayuda, su respuesta era la misma: "Lo haré sólo si el reglamento me lo permite. Esto es un banco, no la Anses". Creó en el Banco Nación su propio plan hipotecario, pero se negó a colocar los recursos del banco en el plan Procrear para construcción de viviendas, que maneja el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, responsable también de Obras Públicas y Vivienda.

 

Esa renuencia al sacrosanto "trabajo en equipo" motivó también el despido de la ex presidenta de Aerolíneas Argentinas Isela Costantini y del ex secretario de Obras Públicas Daniel Chain. Ninguno de los dos fueron acusados de ineficaces. Costantini bajó considerablemente la deuda de Aerolíneas y mejoró el servicio de la compañía aérea, antes en manos irresponsables. Chain ejecutó más del 94 por ciento del presupuesto de obras públicas. Costantini viene de un mundo, el de la industria automotriz, donde los jefes no consultan cada decisión que toman. Chain no era hombre de Frigerio, aunque estaba en el ministerio de éste. Su desplazamiento habla también del crecimiento político del ministro del Interior, hoy inmediatamente por debajo del triunvirato de la jefatura de Gabinete. Basta detenerse en las fotos oficiales para advertir que Frigerio no es cualquier ministro.

 

Dicen que por primera vez hay cuatro funcionarios (Prat-Gay, Melconian, Costantini y Chain) que no se fueron por ineptos del Gobierno, sino porque no quisieron aceptar las reglas del juego de la administración de Macri. Es un "cambio cultural", recitan, reiterativos. No dejan de provocar cierta admiración esos ex funcionarios que conservaron su libertad intelectual y sus propias formas, aun sabiendo que la independencia personal los colocaba más cerca de la puerta de salida que del ascenso. El triunvirato (o el tridente, según el hallazgo descriptivo del periodista Santiago Dapelo) no tiene vida propia en el poder. El único afluente de su inmenso poder tiene nombre y apellido: Mauricio Macri.

 

¿Por qué Macri juega a veces como un artista del trapecio a gran altura? No es audacia, es conservadurismo. Con las encuestas en la mano, constató que sus políticas gradualistas y su liderazgo personal son cruciales para conservar el poder. Decidió limpiar su gobierno de fricciones o disonancias y resolvió, al mismo tiempo, enviar un claro mensaje de disciplina interna. ¿Quién estaría vacunado contra el despido si Macri le pidió la renuncia a su viejo amigo Melconian?

 

El Presidente dice por todos lados que está convencido de que la economía crecerá en este año crucialmente electoral y, en tiempos recientes, suele contar la certeza de que su destino presidencial será de ocho años. Para empezar, la economía será, en efecto, la clave de bóveda del triunfo o el fracaso en las elecciones de dentro de ocho meses. Una encuesta reciente de Poliarquía sirve para respaldar esa afirmación. Hizo una medición en los primeros diez días de enero, cuando la sociedad acababa de cobrar el medio aguinaldo y los bonos de fin de año. La economía en general comenzó a moverse después de la recesión. Subieron todos los números del Gobierno. La aprobación de la gestión de Macri ascendió del 55 al 58 por ciento. Había tocado el piso del 54 en noviembre, según esa encuestadora. Aumentó siete puntos la evaluación positiva de la situación actual del país (pasó del 18 al 25 por ciento) y subieron cuatro puntos también las buenas expectativas respecto del futuro (del 52 al 56 por ciento). La evaluación positiva de la economía personal pasó del 34 por ciento en septiembre pasado al 46 actual.

 

La suerte electoral de Macri depende de la economía y de que Cristina siga siendo Cristina. La imagen positiva de la ex presidenta cayó del 33 al 27 por ciento, según Poliarquía. Su imagen negativa llegó al 57,5 por ciento, la más alta que tuvo en su historia. Desafíos, economía y encuestas explican, de algún modo, por qué Macri colocó la sobrevivencia política por encima de la tolerancia, por qué para él es más importante ahora la conservación del poder que los afectos personales.

 

fuente lanacion

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