El nuevo liderazgo de Trump y las trampas de su relación con China

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El presidente de EE.UU. debe evitar las percepciones erróneas sobre las intenciones de Beijing. Por Joseph S. Nye-Universidad de Harvard

 

 

Mientras Donald Trump prepara su política hacia China debería tomar conciencia de dos trampas que le ha tendido la historia. La “Trampa de Tucídides”, que mencionó el presidente chino, Xi Jinping, se refiere a la advertencia del historiador griego de que si una potencia establecida (como EE.UU.) empieza a temerle demasiado a una potencia emergente (como China) puede estallar una guerra cataclísmica. Pero Trump también tiene que preocuparse por la “Trampa de Kindleberger”: una China que parece demasiado débil y no demasiado fuerte. Charles Kindleberger, uno de los arquitectos intelectuales del Plan Marshall, sostenía que la década desastrosa de los años 1930 se originó cuando EE.UU. sustituyó a Gran Bretaña como la mayor potencia global pero no pudo asumir el rol de Gran Bretaña de proveedor de bienes públicos globales. El resultado fue el colapso del sistema global que derivó en una depresión, un genocidio y una guerra mundial. Hoy, en tanto crece el poder de China, ¿ayudará a proveer bienes públicos globales?

 

En la política interna, los gobiernos producen bienes públicos como la vigilancia policial o un ambiente limpio. A nivel global, los bienes públicos, como un clima estable, estabilidad financiera y la libertad de navegar los mares, corren por cuenta de coaliciones lideradas por las grandes potencias. Los países pequeños tienen pocos incentivos para pagar por estos bienes públicos globales. Como sus pequeñas contribuciones no marcan una gran diferencia en términos de si se benefician o no, es lógico que opten por no pagar. Pero las potencias más grandes sí pueden ver el efecto y sentir el beneficio de sus contribuciones.

 

Algunos observadores temen que, en la medida que vaya creciendo el poder de China, ésta optará por no contribuir a un orden internacional que no creó. Hasta el momento, los antecedentes son contradictorios. China se beneficia del sistema de la ONU, donde tiene un poder de veto en el Consejo de Seguridad. Hoy está en el segundo lugar más importante entre quienes financian a las fuerzas de paz y participó en programas del organismo ligados ébola y al cambio climático. Por otro lado, el rechazo por parte de China de una sentencia de la Corte Permanente de Arbitraje, el año pasado, contra sus reclamos territoriales en el Mar de la China plantea cuestiones problemáticas. Hasta el momento, el comportamiento chino ha intentado no derribar el orden mundial liberal del cual se beneficia, pero sí aumentar su influencia dentro de él. Ahora bien, si se ve presionada y aislada por la política de Trump, ¿China se convertirá en un oportunista disruptivo que empuje al mundo a la Trampa de Kindleberger?

 

A Trump también debería preocuparle la famosa Trampa de Tucídides: una China que parece demasiado fuerte en lugar de demasiado débil. Esta trampa no tiene nada de inevitable y sus efectos suelen ser exagerados. Por ejemplo, el politólogo Graham Allison ha dicho que en 12 de cada 16 casos desde el año 1500, cuando una potencia establecida enfrentó a una potencia emergente, el resultado fue una guerra importante (...). El crecimiento de Atenas desencadenó la primera Guerra del Peloponeso a comienzos del siglo, pero luego una tregua de treinta años extinguió el fuego. En otras palabras, la guerra no fue causada por fuerzas impersonales, sino por malas decisiones en circunstancias difíciles. Este es el peligro que Trump enfrenta con China hoy. Debe preocuparle una China que es demasiado débil y demasiado fuerte al mismo tiempo. Para alcanzar sus objetivos, debe evitar la trampa de Kindleberger así como la trampa de Tucídides. Pero, por sobre todas las cosas, debe evitar los errores de cálculos, las percepciones erróneas y las decisiones impulsivas que tanto abundan en la historia humana.

 

fuente clarin

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